(El Comercio, 24 de Junio del 2014)
El gobierno debe continuar profundizando las reformas para mitigar la desaceleración de la economía.
Imagínese, estimado lector, que está Ud. en un satélite orbitando alrededor de la Tierra. De pronto, le informan desde la estación de control que tiene que ir más rápido, ¿cuál es su primer impulso? Lo intuitivo y natural es acelerar; sin embargo, al aumentar la velocidad del satélite, nos alejamos más de la Tierra y entonces entramos en una órbita mayor con una trayectoria que demora más en dar la vuelta. Por el contrario, si frenamos, caemos en una órbita más cercana a la Tierra y, por lo tanto, daremos vuelta más rápidamente. A veces, por seguir el sentido común y no tomar en cuenta las leyes de la física, logramos resultados opuestos a los que buscamos.
Lo mismo ocurre en la economía. Las normas y leyes que emite un gobierno afectan los incentivos de las personas para actuar y muchas veces los resultados obtenidos son exactamente opuestos a los que se buscan porque no se toman en cuenta las respuestas de los agentes económicos frente a las nuevas instituciones o regulaciones que se crean.
Así, cuando fijamos precios en los mercados para “fomentar” su desarrollo, en realidad terminamos afectando negativamente esos mercados. Por un lado, la oferta disminuye, y por el otro, al no satisfacer la demanda, se generan mercados informales con precios bastante más altos de los que se tenían antes. Los peruanos hemos aprendido esa lección bastante bien y sabemos que los controles cambiarios llevan a mercados negros de tipo d
e cambio y los topes a las tasas de interés llevan a la desaparición del crédito.Leer Mas
No hay comentarios:
Publicar un comentario